POR ABUSO SEXUAL PIDEN CONDENA ENTRE 8 Y 20 AÑOS
El imputado era cuidador del club Sol de Mayo y en ese predio abusó de las cuatro hermanitas.
17-9-26
“Hoy si estamos vivos es por nuestras hijas y nosé como sigo en pie a raíz de todo esto”, aseguró el papá de una de las cuatro hermanas abusadas sexualmente por Hedito del Tránsito Meza Torres, quien admitió los hechos y autoría.
Sin poder evitar las lágrimas ese padre dijo que luego de lo sucedido perdió el trabajo “las ganas de vivir y los proyectos” al señalar que al imputado lo consideraba parte de su familia “como un padre y lo apreciaba mucho. Estaba prácticamente todos los días en mi casa”.
Describió que el impacto por lo vivido generó en las cuatro víctimas, dos de ellas hoy de 18 años que estuvieron en la audiencia, miedo permanente, sobresaltos en la noche, no querer comer ni asomarse por la ventana y mucho temor por la posibilidad que “este tipo salga de golpe”.
En la audiencia de Cesura de esta mañana en la que las partes pidieron la pena que consideran corresponde aplicar al imputado fueron escuchados varios testigos. Entre ellos la defensora pública, Dolores Crespo, que explicó el complicado trámite para lograr la real identidad de Meza Torres, nacido en Chile y quien desde su ingreso a la Argentina cuando era un niño se mantuvo indocumentado.
También prestó testimonio Hugo Painefil, encargado del área de visitas del Penal provincial, donde se encuentra alojado el imputado. “Nunca fue visitado ni recibió correspondencia ni encomienda”, sostuvo.
Además declararon los psicólogos forenses Cristian Battcock y Valeria Cerdera Furlani, quienes evaluaron a las víctimas y al imputado, respectivamente.
Sobre las niñas el profesional detalló lo observado en las entrevistas y aseguró que en todas los hechos generaron un estrés postrauma, mientras que la psicóloga describió a Meza Torres como una persona sin contactos sociales que trabaja desde niño cuando ingresó al país, que estuvo institucionalizado durante varios años, sin escolaridad y evaluó su nivel cognitivo intelectual como inferior al promedio de personas de su edad.
“CAPAZ QUE SE ME FUE LA MANO”
El imputado también fue escuchado por los jueces del Tribunal Ignacio Gandolfi, Carlos Reussi y Juan Brussino.
“Lo único que quiero es pedir perdón. He sufrido mucho y las consecuencias las pago”, dijo brevemente sin responder preguntas.
Pero en el cierre de la audiencia el juez Gandolfi consultó a dos de las víctimas presentes en la sala si querían decir algo. Y una de ellas manifestó que “no tiene que ver que no tenga estudio porque nos hizo mucho mal. No confío en nadie. Lo quería como si fuera mi papá y capaz que nos hizo eso porque no tenía familia pero no tenemos la culpa. Todas las noches me preguntaba porqué si me quería me hacía eso”.
La misma consulta del juez fue para el imputado que por primera vez se lo advirtió emocionado hasta las lágrimas. “No soy abusador como me acusan porque no cometí esos delitos . Capaz que se me pasó la mano”.
PENA DE 20 AÑOS
La fiscal Maricel Viotti Zilli pidió para Meza Torres acusado de “abuso sexual agravado por la condición de guarda” y por el acceso carnal a dos de las víctimas, una condena de 20 años de prisión.
Tras destacar que en el marco de un juicio abreviado parcial, el imputado asumió la responsabilidad en los hechos, la fiscal detalló las secuelas en las víctimas como las pesadillas en las que él las toca con su pene, haber abandonado actividades, no querer salir ni contar lo sucedido “porque ayudaba a mi mamá en lo que necesitaba, traía comida y además las amenazas que si contaban mataría a sus padres”.
Como agravantes la fiscal consideró que el imputado “se valió de la vulnerabilidad de las niñas, de ser el padrino de una de ellas y de colaborar en las necesidades con fines sexuales. Se aprovechó de las víctimas por su género y niñez motivado en el desprecio por la integridad ajena”.
Por su parte el defensor de Menores, Juan José Alvarez Costa adhirió al pedido de pena de la Fiscalía ponderando como agravantes el modus operandi “terriblemente perverso no solo por el abuso de confianza para que se quedaran a su cuidado en el club donde las soltaba y cazaba para abusar”. Puntualizó que no sólo hubo tocamientos sino también acceso carnal en dos de las cuatro niñas, destacando la cantidad de víctimas chiquitas al momento de los hechos -entre 6 y 8, 11 y 12, 8 y 9, y entre los cinco y los 10 en uno de los casos-.
Hizo referencia a la extensión del daño causado, la asimetría en la edad de las niñas con el imputado de 65 y las amenazas “que quedarían embarazadas si contaban lo sucedido”.
MISERIA ESTRUCTURAL
La defensora oficial, Belén Blanchet, junto a su par Graciela Carriqueo alegó destacando la responsabilidad penal asumida por su defendido “sin justificar ni menospreciar lo sucedido”.
También hizo referencia a la vulnerabilidad social en el que transitó su vida Meza Torres, sin contención familiar, ni educación, ligado desde temprana edad a trabajos rurales de escasos ingresos.
En ese marco sostuvo que “la pena no se puede construir como una mera retribución ciega sino mesurada”, destacando lo que el Estado dejó de hacer respecto de Meza en relación a lo social, educativo y económico,
Pidió que se juzgue al ser humano y su historia cargada de vulnerabilidad y miseria estructural en este caso, con escasa escolaridad, con un ingreso temprano al mercado laboral informal, institucionalizado durante su juventud.
“Meza no recibió una sola visita en el penal –a excepción de esta defensa-, no tiene contactos familiares ni lazos por redes sociales con el exterior, vivió marginado de la sociedad”, destacó.
Interpretó como dogmática y desmesurada una condena de 20 años que ignore la ausencia de un Estado y solicitó que se tengan en cuenta los atenuantes, la baja escolaridad, la vulnerabilidad de origen y el aislamiento carcelario absoluto.
En ese marco, Blanchet pidió que al imputado se le aplique la pena mínima contemplada en el Código de ocho años de prisión.
En la imagen: los defensores de menores Nélida Flore, Juan José Alvarez Costa; los fiscales Maricel Viotti Zilli y Tomás García Ansola (izquierda); los jueces Carlos Reussi, Ignacio Gandolfi y Juan Brussino; y las defensoras oficiales Graciela Carriquero y Belén Blanchet junto al imputado Meza Torres (derecha).