Hacer justicia no es solo aplicar la ley
Los jueces y funcionarios judiciales deben garantizar el cumplimiento de las leyes tanto como las garantías constitucionales.
Esa Constitución que, entre otros derechos, protege nada más ni nada menos que la vida.
El tema es ¿qué pasa cuando la vulnerabilidad pone en riesgo esa vida marcada de ausencias desde la propia familia a la de un Estado que no se hace cargo?.
Difícil tarea que encuentra respuesta justa cuando a la Ley se le suma la humanidad. La propia.
Esa con la que empezamos a caminar colgándole –con suerte y oportunidades- títulos, cargos, billetera, todo tipo de adicionales pero que no aparten del sendero.
La empatía, el respeto por el otro como ser humano, ponerse en esos zapatos a pesar de las grandes diferencias juega un partido tan importante como cada vez más lejano.
En los pasillos de los tribunales viedmenses aún resuena el llanto de un bebé que todavía no cumple dos años, en brazos de una judicial que con amorosidad logró calmarlo en la espera por su mamá.
ULTIMA OPORTUNIDAD
En una pequeña sala de juicio esa madre -conocida en el ambiente judicial por sus ingresos desde muy chica por causas que genera la vulnerabilidad- también lloraba pidiendo al juez otra oportunidad bajo la promesa de no desobedecer -otra vez- los límites de la tobillera que porta por una condena, considerando que amamanta a su bebé.
A pesar de ese beneficio y el control satelital que significa salió de su casa fue a un negocio cercano se llevó dos champúes, un queso untable y un alfajor, además de agredir a quien atendía cuando trató de impedirle la maniobra. Pocos días antes había intentado hacer lo mismo con un acondicionador de cabello, manteca y dos kilos de carne.
En el marco de la Ley la fiscal Paula Rodríguez Frandsen pidió que ante los incumplimientos y antecedentes penales la joven continúe el cumplimiento de la pena en prisión, planteo con el que coincidió el juez Adrián Dvorzak aclarándole a la joven que la domiciliaria fue entendida como una solución acorde a ese momento “pero no cumplió con las medidas”.
La decisión del juez no sólo generó el llanto de la imputada sino de la defensora oficial Marta Ghianni al pedir la revocatoria de la medida y alcanzar a sostener que “hay que darle esta última oportunidad. No estamos ante un hecho grave. Es un champú y queso. Llevarla a prisión con un bebé no es justo ni humano. No hay quien se pueda hacer cargo de esa criatura. Se le quita la teta, la posibilidad de alimentarlo. No se que épocas estamos viviendo”. El llanto en la audiencia, por primera vez en sus 30 años de servicio, no le permitió continuar a la defensora oficial.
La fiscal marcó contradicciones de la defensa y el conocimiento de la imputada de las consecuencias sino cumplía con la norma.
A esa altura, las lágrimas no sólo brotaban de los ojos de la imputada y la defensora sino de otras mujeres que estaban en la audiencia.
“CUOTA DE HUMANISMO”
Ante el ambiente tenso que se había generado, el juez miró al entorno femenino que lo rodeaba, escuchó con atención a la defensora, seguramente pensó en la criatura que ya dormía en el pecho cálido de una extraña que lo había calmado y tras reiterar que la fiscal tenía la razón volvió sobre sus pasos.
“Por una razón de humanidad seguirá con tobillera en su casa pero no le voy a permitir ningún acto de manipulación con una criatura”, le advirtió a la imputada.
“La fiscal también es madre y ha justificado su fundamentación. Estoy confiando en que cumplirá su promesa pero un nuevo incumplimiento irá al penal sin ningún tipo de miramientos”, le sentenció a la joven entendiendo que “ésta en una situación vulnerable pero no es primeriza en este tipo de situaciones con respeto al sistema penal. Le daré una oportunidad. Si se saca la pulsera no traiga la criatura, no haga ningún tipo de manipulación. Es una cuota de humanismo que me pide la defensa y por su trayectoria la estoy otorgando”.
Lo peor es que no todo terminó allí. La amorosidad de la mujer que –a pedido de la defensa- contuvo al bebé por los minutos que duró la audiencia es personal de un juzgado de Familia de Viedma. Y esa actitud empática habría provocado malestar en la magistrada a cargo del juzgado, tal vez interpretando que habría sido una pérdida de tiempo de su dependiente.
Este combo -que no es más que la realidad de muchos que necesitan respuestas judiciales- es un tema del que no se deja de hablar en los pasillos de tribunales.
Es cierto que la Justicia no debe resolver los problemas de desprotección de otros sectores del Estado, cuya ausencia actúa como tobogán para que las situaciones extremas se judicialicen, pero empatía y el intento de ponerse los zapatos de otro es cuestión de humanidad. De elección en la vida.